Tengo palabras de agradecimiento con Dios y con la Fundación El Buen Pastor, por haberme acogido en mis peores momentos, quiero decirles a muchas mujeres que no estamos solas, siempre hay alguien para escucharnos.

Reconozco que cuando yo empecé tenía temor de encontrarme conmigo misma, pero día a día fui dándome la oportunidad de sacar mis miedos y enfrentarlos, el acompañamiento que recibí de todas las personas que trabajan allí, me ha permitido crecer, valorarme, confiar en mí misma, saber que puedo lograr mis sueños y metas.

Aprendí que Dios actúa en su momento porque me he dado la oportunidad de ir sanando, reconociendo que la violencia también se disfraza de amor, pero que nunca es tarde para tomar una decisión, tengo derechos y uno de los más importantes es vivir sin ningún tipo de violencia, además de que mi salud física como mental no son negociables, yo puedo salir adelante por mí misma, puedo administrar mi propio dinero, puedo emprender y mi proyecto de vida no debe depender de un tercero.